lunes, 2 de diciembre de 2013

En los hombres, caminar más reduce el riesgo de tener un ACV

Traducido del inglés: martes, 26 de noviembre, 2013 


Por C. E. Huggins
NUEVA YORK (Reuters Health) - Los hombres mayores que todos los días salen a caminar varias horas son menos propensos a tener un accidente cerebrovascular (ACV) que los que rara vez lo hacen, según sugiere un nuevo estudio. Y la velocidad del paso no influiría.
"El ACV es una de las principales causas de muerte y discapacidad, y es importante hallar maneras de prevenirlo, en especial en la población de riesgo", dijo la autora principal de la investigación, Barbara J. Jefferis, del University College de Londres (Reino Unido).
"Nuestro estudio sugiere que mantener un estilo de vida activo, en especial con más tiempo en cualquier tipo de caminata, sería una parte importante de las estrategias de prevención del ACV en los adultos mayores", agregó.
El equipo de Jefferis analizó los datos de los participantes de un estudio británico sobre salud cardiovascular masculina.
Los hombres habían participado del estudio entre 1978 y 1980, y en el período 1998-2000 -cuando tenían 60 y 70 años- respondieron sobre cuánta actividad física hacían.
El nuevo análisis incluye a 2.995 hombres que no habían sufrido un ACV o un infarto al momento de ese relevamiento. Los autores los estudiaron durante otros 11 años: más de la mitad caminaba una hora o menos por día y uno de cada seis lo hacía más de dos horas diarias.
Durante el seguimiento, 195 participantes tuvieron un ACV. El equipo observó que cuanto más tiempo dedicaban a caminar, más disminuía el riesgo de sufrir un infarto cerebral.
Los hombres que caminaban entre cuatro y siete horas por semana eran un 11 por ciento menos propensos a tener un ACV que los que lo hacían tres horas o menos por semana. Pero esa diferencia podría atribuirse al azar, según publica el equipo en Stroke.
Un hallazgo más sólido fue que los que más caminaban (más de tres horas diarias) tenían un 66 por ciento menos riesgo de tener un ACV que los que caminaban mucho menos.
El ritmo también estuvo asociado con el riesgo, tanto que los que caminaban a paso normal o más enérgico tenían un 38 por ciento menos riesgo de padecer un ACV que los que lo hacían más lentamente. La distancia recorrida (mayor en los primeros que en los segundos) explicó esa diferencia.
Los resultados no prueban que caminar puedan prevenir los ACV, pero los factores que elevan el riesgo de padecerlos (edad, presión y colesterol) no lograron explicarlos. Tampoco lo hicieron los nuevos marcadores de ACV, como las proteínas asociadas con la inflamación, la formación de coágulos o el daño del músculo cardíaco.
El Instituto Nacional para la Investigación de la Salud y la Fundación Británica del Corazón financiaron el estudio.
Jefferis comentó que otros estudios habían sugerido que caminar también sería beneficioso para las mujeres.
Los CDC estiman que, cada año, unos 800.000 estadounidenses padecen un ACV, que es la causa más común de discapacidad grave. La Organización Mundial de la Salud y los CDC recomiendan que los adultos realicen por lo menos 2,5 horas semanales de ejercicio de intensidad moderada.



FUENTE: Stroke, online 14 de noviembre del 2013.

Reuters Health
Fuente: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_142919.html

Beber leche en la adolescencia podría no proteger a los huesos de los hombres, sugiere un estudio

Imagen de noticias HealthDayEn lugar de ello, la investigación halló que los chicos que consumían más leche tenían un mayor riesgo de fracturas de cadera en la adultez

Traducido del inglés: miércoles, 20 de noviembre, 2013

MARTES, 19 de noviembre de 2013 (HealthDay News) -- Los chicos que beben más leche durante la adolescencia quizá no experimenten una reducción en el riesgo de fracturas de cadera en la adultez, sugiere una investigación reciente. Es justo lo contrario: su riesgo podría en realidad aumentar.
El hallazgo, que no fue observado en las mujeres, se basó en los antecedentes de fracturas de casi 100,000 hombres y mujeres blancos a partir de la mediana edad, que recordaron sus hábitos de consumo de leche de décadas anteriores.
"No creo que se trate de un hallazgo definitivo que cambie ahora el mensaje de salud pública sobre la leche", apuntó la autora líder del estudio, Diane Feskanich. "Pero aunque en este país nos enfocamos mucho en la leche, en realidad no contamos con estudios que hayan documentado cómo las personas beben leche en la niñez y que entonces hayan esperado 50 o 60 años para ver qué sucede con sus huesos".
"Lo que hallamos nos sorprendió un poco. El consumo de leche en la adolescencia se asoció con un mayor riesgo de fracturas en los hombres, pero no en las mujeres", apuntó Feskanich, profesora asistente del departamento de medicina del Hospital Brigham and Women's y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston.
Feskanich y sus colaboradores plantearon sus hallazgos en la edición en línea del 18 de noviembre de la revista JAMA Pediatrics.
Los investigadores dijeron que hace mucho que la leche se publicita como una parte esencial de la dieta de los adolescentes. Las directrices dietarias más recientes del Departamento de Agricultura de EE. UU. recomiendan que los adolescentes beban al menos tres vasos de leche (o un equivalente lácteo) cada día.
La meta de las directrices es garantizar un crecimiento y una salud del esqueleto adecuados durante la adolescencia, el periodo en que chicas y chicos acumulan aproximadamente el 95 por ciento del contenido mineral de los huesos adultos para el futuro, señalaron los investigadores.
Pero también apuntaron que aumentar de estatura, un proceso que beber leche puede fomentar, se ha vinculado con un mayor riesgo de fracturas, lo que tal vez complica el rol protector general de la leche respecto al riesgo de fractura de cadera.
Los investigadores analizaron los patrones de consumo de leche en la adolescencia que habían sido reportados en 1986 por mujeres que participaron en el Estudio de salud de las enfermeras, y en 1988 por hombres que participaron en el Estudio de seguimiento de profesionales de la salud.
Todos los participantes eran blancos, y los antecedentes de consumo de leche (sobre todo de leche entera) se enfocaron en los 13 a 18 años de edad. Los antecedentes de los participantes se proveyeron exclusivamente en base a sus recuerdos personales.
Se dio seguimiento a más de 35,000 hombres y casi 62,000 mujeres durante 22 años. En ese periodo, hubo 490 fracturas de cadera en los hombres y más de 1,200 en las mujeres.
Primero, los investigadores tomaron en cuenta varios factores influyentes posibles, como la dieta actual, el peso, los antecedentes de tabaquismo, los patrones de ejercicio, el uso de fármacos recetados y los hábitos actuales de consumo de leche. Entonces, determinaron que el riesgo de fractura de cadera de un hombre en realidad aumentaba en un 9 por ciento por cada vaso adicional de leche al día que había consumido en la adolescencia.
Pero no se observó un aumento en el riesgo de fractura de cadera en la adultez en las chicas adolescentes que bebían más leche.
"Varias cosas podrían explicar la diferencia sexual", planteó Feskanich. "La diferencia en el momento en que las mujeres alcanzan su estatura completa y la madurez, o el hecho de que la densidad ósea es un problema más grande para los hombres que para las mujeres, quizá un problema más grande que la estatura. Pero ahora solo estamos planteando hipótesis".
Aunque el estudio halló una asociación entre un mayor consumo de leche en la niñez de los hombres y un mayor riesgo de fracturas en la adultez, no estableció una relación causal.
En un editorial que acompaña al estudio, Connie Weaver, profesora distinguida del departamento de ciencias de la nutrición de la Universidad de Purdue, sugirió que los hallazgos podrían contener fallos debido a problemas con la premisa del estudio.
"Cuando se observan los distintos hallazgos en hombres y mujeres, hay varios motivos para preguntar si el método del estudio contiene algún problema", planteó.
"En primer lugar, la fisiología básica de hombres y mujeres debe ser la misma, dado que el calcio es un mineral importante en todos nuestros huesos", dijo. "Su teoría se sostiene basada en la proposición de que beber leche hace que los chicos sea más altos y tengan una mayor propensión a romperse los huesos, pero en realidad el impacto de la estatura no debería ser distinto en chicos y chicas".
"También está el hecho de que, tanto sexualmente como en términos de los huesos, chicos y chicas se desarrollan a un ritmo distinto", comentó. "Para obtener una visión precisa del impacto del consumo de leche en la adolescencia, quizás no se debió haber alineado las cronologías para que fueran exactamente iguales".
También cuestionó qué tan precisos podrían ser los autorreportes sobre el consumo de leche en el pasado.
"La capacidad de estimar lo que se comía hace un año es bastante difícil, para no hablar de hace décadas", advirtió Weaver. "Chicos y chicas tienen unas percepciones distintas de la autoimagen, y sabemos que eso influye sobre lo que dicen que comen. Las chicas siempre reportan de menos, y los chicos de más. Esto también podría suceder con el consumo de leche".
"Se trata de una hipótesis muy interesante, pero el hallazgo simplemente no resulta muy lógico", señaló Weaver. "Nadie debe interpretar este estudio y pensar que ellos o sus hijos deben evitar la leche en la juventud".

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Diane Feskanich, Sc.D., assistant professor, department of medicine, Harvard Medical School, Boston; Connie Weaver, Ph.D., distinguished professor, department of nutrition science, Purdue University, West Lafayette, Ind.; Nov. 18, 2013, JAMA Pediatrics, online
HealthDay