sábado, 6 de enero de 2018

examinamos la relación entre masculinidad y salud mental

La organización británica The CALMzone afirma que el suicidio es la primera causa de muerte entre los varones menores de 45 años.

"Debemos considerar que el mayor problema derivado de la masculinidad es la falta de comunicación. Es fundamental crear canales de diálogo para reducir las cifras de suicidio masculino, así como invertir tiempo y energía en erradicar frases sin sentido como 'sé un hombre' o 'son cosas de chicos'. Estas palabras son las rejas que hacen que la masculinidad se convierta en una cárcel."


PorDulcie Menzie traducido por Eva Cañada

Dulcie Menzie reflexiona con nosotros sobre el tema un año después del trágico suicidio de su padre.

Este artículo fue publicado originalmente en i-D UK.

Desde que mi padre se suicidó el año pasado, he estado pensando mucho en la masculinidad y me siento personalmente agradecida por cada una de las personas que están alzando la voz y sincerándose acerca de su vulnerabilidad, desafiando nuestras claustrofóbicas nociones de género e incluso replanteándose sus tareas diarias en casa.
Afortunadamente, vivimos en una época en la que cuestionarse las anticuadas ideas sobre la masculinidad es un imperativo. Sin embargo, debemos tener cuidado para no pasar por alto mencionar que el género todavía nos tiene agarrados por el cuello.
Mi padre pasó a formar parte de lo que el British Columbia Medical Journal ha bautizado como "epidemia silenciosa" de suicidios masculinos. No se puede hacer suficiente hincapié en la importancia de este problema. CALM, una asociación benéfica dedicada a prevenir el suicidio masculino, afirma que esta es la principal causa de muerte entre los hombres de menos de 45 años.
Pero, como sucede con todas las estadísticas, estas cifras nos parecen ajenas: los números no comunican que, a menudo, estas muertes se llevan a hombres sin historial previo conocido de enfermedades mentales, dentro de familias que nunca lo vieron venir.
La muerte de mi padre me ha hecho darme cuenta de lo intratable y persuasiva que es en realidad lo que CALM denomina "la barrera cultural que impide que los hombres busquen ayuda". Incluso en nuestra bulliciosa, abierta y expresiva familia, mi padre fue incapaz de encontrar un modo de comunicar lo que estaba sucediendo dentro de su cabeza.

Isabella Cotier

Lo repentino de tantos de estos suicidios indica una parte clave del problema. Sin que nosotros nos diéramos cuenta, mi padre estaba encerrado dentro de una masculinidad que solo tiene dos opciones: ser un hombre o ser un fracaso. Este hombre debe ser "fuerte" hasta que se rompe, un reino donde la violencia o el suicidio se vuelven posibles. Necesitamos una masculinidad que sea flexible, resiliente, porosa... Incluso permeable.
Quiero formular una pregunta, que espero que pueda ayudar a que empecemos a avanzar hacia este tipo de mentalidad evitando caer en la trampa de autofelicitarnos por nuestro progresista enfoque del género. Mediante la exposición I’M FINE, comisariada por Max Hayter y Sophia Compton, hemos preguntado a 50 artistas qué aspecto tendría una masculinidad que animara de forma activa a los hombres a mostrar su vulnerabilidad.
Merece la pena, por un momento, ahondar en la historia personal de mi padre. Mi abuela paterna falleció de cáncer cuando él tenía 16 años. Sus desolado padre se suicidó unos años más tarde, otro nombre que añadir a la larga lista de hombres cuyas vidas han terminado de este modo.
A mi padre jamás se le animó a que profundizara en las complejas emociones ―pérdida, rechazo, ira― que poblaban su corazón. Ni siquiera conmigo, años más tarde, fue capaz de hablar abiertamente sobre la muerte de su padre como un suicidio: el tema siempre se resumía con la frase "el abuelo murió porque tenía el corazón roto".

Elliot Fox

Esto me ha hecho ser íntimamente consciente del poder de las palabras. Puede que suene trivial, o incluso algo pedante, pero los términos individuales que utilizo para hablar sobre la muerte de mi padre son importantes.
Me han brindado la oportunidad de aceptar y en cierto modo tomar posesión de su pérdida: elijo qué elementos deseo registrar. He llegado a estar en desacuerdo con la idea de que mi padre "cometió" algo (un crimen, que es lo que implica la palabra) o que activamente "se quitó" la vida.
La primera vez que alguien siente un impulso suicida es la peor: si pueden superar eso, pueden recurrir a la certeza de su supervivencia cada vez que aparece un episodio. Así que he decidido no ver la muerte de mi padre como el inevitable final de su historia, porque las circunstancias podrían haber tomado un rumbo diferente aquel día.
Las palabras son esenciales en otro sentido también: debemos considerar que el mayor problema derivado de la masculinidad es la falta de comunicación. Es fundamental crear canales de diálogo para reducir las cifras de suicidio masculino, así como invertir tiempo y energía en erradicar frases sin sentido como "sé un hombre" o "son cosas de chicos". Estas palabras son las rejas que hacen que la masculinidad se convierta en una cárcel.
Por eso es tan importante que organizaciones como CALM sean capaces de crear espacios, foros y comunidades donde poder discutir estos problemas en toda su complejidad. Eso significa no hacer juicios de valor por muy dura que sea una confesión o, en el otro extremo del espectro, por muy aparentemente banal que resulte. Su sitio web es un recurso muy poderoso que ofrece consejos sobre temas que van desde la indigencia hasta la pérdida de cabello. Y su línea telefónica gratuita es literalmente un salvavidas y también un lugar donde los hombres pueden dar sus primeros pasos para lograr abrirse.
I’M FINE también quiere hacer que la gente piense. La exposición se ha convertido en una plataforma para un grupo de obras abrumadoramente personales y sinceras. Resulta muy revelador (aunque no totalmente sorprendente) el número de personas que también piensan que este tema tiene una importancia directa para ellas y para sus familias.
No obstante, la sinceridad brutal y la crítica rigurosa fácilmente pueden caer en un tono sermoneador. Para evitarlo, se ha vuelto fundamental buscar las formas en que todos estamos personalmente implicados en la creación de estos mecanismos tan dañinos, en lugar de simplemente culpar a fuerzas externas: buscar en nuestro interior con curiosidad y no con enjuiciamiento.
Orfayo
Por ejemplo, el fotógrafo Raf Fellner y el cineasta Reuben Hamlyn han explorado cómo el mundo híper masculino de la lucha libre les cautivó durante su adolescencia y, en consecuencia, desempeñó un papel a la hora de conformar sus propias masculinidades en desarrollo. El film de animación de Jack Brown, Raven, lleva al espectador hasta un mundo interior de ansiedad y autodescubrimiento, que ocupa los pensamientos de un intérprete mientras está sobre el escenario.

La diseñadora gráfica y directora artística de la exposición, Georgia Herman, ha redirigido inteligentemente esta introspección hacia el exterior: cubriendo una superficie espejada con su gráfico I'M FINE, obliga al observador a verse reflejado tras esas palabras, que invariablemente significan lo opuesto de lo que realmente afirman.
También queríamos expresar estas ideas de forma enérgica y creativa. Aunque cualquier cobertura de este tema tiene una repercusión positiva, con demasiada frecuencia se habla de él de forma silenciada, repitiendo detalles similares una y otra vez. Queríamos abrir esta mentalidad para crear algo vibrante y no dogmático y el arte visual parecía el mejor modo de hacerlo. Una exposición puede moverse de forma flexible desde lo ingenioso, mordaz e irónico hasta lo profundamente conmovedor. No todo necesita ser explicado totalmente, algunas piezas pueden exponerse en solitario para que el observador aporte su propio enfoque a la interpretación.

Todos hemos utilizado alguna vez un lenguaje arcaicamente marcado por el género, o hemos recurrido a dolorosos estereotipos de género en algún momento u otro. Pero si asumimos nuestra responsabilidad por emplear estas ideas, también obtenemos el poder de cambiarlas y darles forma. Lo que espero que comunique esta exposición es que podemos ser penetrantemente sinceros acerca de la masculinidad y no sentirnos deprimidos sino revitalizados y esperanzados.
Brainstorm presenta: I’M FINE, que se inauguró el pasado 15 de diciembre en la Copeland Gallery.


Fuente: https://i-d.vice.com/es_mx/article/qvz35m/salud-mental-hombres-masculinidad

jueves, 9 de octubre de 2014

Los hombres son el sexo débil...salud

En lo que se refiere a la salud, los hombres realmente son el sexo débil y este desequilibrio necesita ser corregido, afirman expertos.
Los hombres tienen más riesgo de muerte prematura que las mujeres.
Los hombres tienen más probabilidades de sufrir cáncer que las mujeres y también es más probable que mueran a causa de esta enfermedad.
Las enfermedades coronarias, los derrames cerebrales y la obesidad son otros trastornos que tienen una enorme incidencia en los hombres.
Y cuando se trata de la felicidad, las mujeres parecen llevar la delantera, cuando se analizan las tasas de suicidio.
De la lista de enfermedades que afectan a los hombres es claro que muchas están relacionadas a un estilo de vida malsano, con factores de riesgo como beber alcohol, fumar y tener una dieta mala con poco ejercicio.
Los expertos también saben que los hombres son particularmente malos en lo que se refiere a pedir ayuda médica cuando la necesitan.
Pero ¿es justo responsabilizar sólo a los hombres?
El Foro de Salud Masculina lanzó una campaña para combatir este pobre historial de salud.
Según la organización británica, muchos hombres siguen muriendo demasiado jóvenes.
MUERTE PREMATURA
En Inglaterra y Gales, unos 100.000 hombres mueren prematuramente cada año, comparado con cerca de 66.000 mujeres.
Y la mayoría de estas muertes pueden prevenirse.
Es muy fácil tratar de culpar a los hombres y ser fatalista, y no creo que eso sea lo correcto. A los hombres sí les importa su salud y no quieren morir jóvenes
Peter Baker
El mayor homicida de hombres son las enfermedades coronarias y derrames cerebrales.
Estas enfermedades cardiovasculares matan a 300 de cada 100.000 hombres, comparado con 190 de cada 100.000 mujeres.
Después viene el cáncer. Las cifras muestras que ellos tienen 70% más probabilidades que las mujeres de morir de algún cáncer que afecta a ambos sexos, y 60% más probabilidades de desarrollar esta enfermedad.
En tercer lugar están las enfermedades respiratorias, seguidas de demencias y enfermedades hepáticas.
La mayoría de estos males están vinculados a factores que pueden prevenirse, como la obesidad y el consumo excesivo de alcohol, que son un problema más común en los hombres.
Como grupo, los hombres beben más y fuman más que las mujeres, y sólo 40% hacen suficiente ejercicio.
Esto podría explicar en parte porqué 41% de los hombres tienen sobrepeso, comparado con 32% de mujeres.
DEPRIMIDOS
Los hombres también tienen más riesgo de sufrir una muerte violenta ya sea en un accidente de tránsito o intencionalmente con un suicidio.
Aunque las tasas de intentos de suicidio no difieren entre los sexos, los hombres tienen más probabilidades de morir por esta causa.
El Foro de Salud Masculina cree que si se logra que los hombres se involucren más en su salud esto ayudaría a cerrar la brecha entre ambos géneros.
Según Peter Baker, presidente ejecutivo de la organización, “es muy fácil tratar de culpar a los hombres y ser fatalista, y no creo que eso sea lo correcto. A los hombres sí les importa su salud y no quieren morir jóvenes”.
Algunos estudios sugieren que factores como la seguridad laboral podrían estar contribuyendo a este problema.
“Hay evidencia anecdótica de que los trabajos tradicionalmente masculinos están desapareciendo y ahora se requieren más habilidades femeninas en los empleos”, asegura Nicola Peckett, de la organización Samaritanos.
“También sabemos que los hombres que pierden su trabajo se sienten anulados”.
“Y debido a que suelen enterrar sus sentimientos y a no hablar de sus problemas, la situación puede salirse de control”, señala la experta.
Agrega que, en cualquier caso, hay muchas cosas que los hombres pueden hacer para mejorar su calidad de vida y sus probabilidades de supervivencia, como comer mejor y hacer más ejercicio.
Por Michelle Roberts
BBC Ciencia

miércoles, 30 de abril de 2014

La depresión en los hombres, una epidemia encubierta

 Las diferencias sexuales han sido reemplazadas por las diferencias de género. Se dice que la mujer tiende a la pasividad a la dependencia y que tiende menos a manifestar la agresión. Se dice eso mientras hay una fuerte tendencia cultural, sobre todo en los países sajones, a considerar que entre hombres y mujeres las diferencias son pequeñas y que recordarlas equivale casi a crearlas, lo que sería una restauración del machismo.

Estudios confiables informan que las mujeres consultan más por depresión, lo que no implica que sean más propensas que el varón a la depresión.Los hombres disfrazan su depresión con el alcohol y el uso de otras drogas.

Algunos pensadores del primer mundo y la “opinión ilustrada” no ven con buenos ojos encontrar diferencias entre varones y mujeres, como si el encontrarlas implicara su naturalización. Mientras tanto las empresas publicitarias, también del primer mundo, buscan qué autos o perfumes ofrecen, respectivamente, a hombres y mujeres. Como dijo aquella feminista, ¡Viva la diferencia!

Las investigaciones sobre los géneros se preguntan por las condiciones de producción socio-históricas de la subjetividad. Lo que se debe ser y tener va cambiando. ¿Cómo? El género no es universal sino propio de determinada cultura.

Las mujeres conservan la tendencia a esperar de otros significativos una confirmación de su valor que, en muchos casos, no puede compensarse mediante los logros laborales y profesionales. Éstas son cicatrices históricas en la construcción del género.

Se decía que los hombres no lloran. Se decía que los hombres sienten poco y expresan aún menos. Se decía que los hombres hablan poco de sus intimidades y que evitan mostrarse vulnerables. ¿Se seguirá diciendo?

Pocas veces el varón expresa la alteración del estado de ánimo a través de síntomas psíquicos como la tristeza, la labilidad emocional o la ideación depresiva. Por eso la depresión masculina puede pasar inadvertida cuando el profesional –médico, psiquiatra o psicólogo- no advierte que la depresión se está manifestando como fatiga, astenia, dolores musculares, cefaleas, insomnio, pérdida de peso. Incapaces de verbalizar las emociones propias sólo mencionan los síntomas físicos de su malestar. Mas que tristeza predomina la irritabilidad.

Algunos ocultan el vacío interior con el ruido de la violencia, el consumo de drogas o la adicción al trabajo. Todo ello contribuye a la dificultad para detectar la depresión. Si se consideraran la irritabilidad, la violencia y el abuso de sustancias muchos más hombres serían diagnosticados como deprimidos.
Se decía que los hombreshablan poco de sus intimidades y que evitan mostrarse vulnerables. ¿Se seguirá diciendo?
Se advierten disminución de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultades de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte o
suicidio. Están agobiados en busca de estímulo. Están ansiosos en busca de calma. Están insomnes en busca de sueño. El agobio se expresa en la temporalidad (“no tengo futuro”), en la motivación (“no tengo fuerzas”) y en la propia estimación (“no valgo nada”). Se sienten abrumados por cierta desesperanza que les impide contar con la energía necesaria para formular nuevos proyectos.

Cada año, 6.000.000 de varones estadounidenses escucharán el diagnóstico de depresión. Son también millones los que sufren en silencio, sin diagnóstico o con diagnóstico equivocado, o los que teniéndolo se rehúsan al tratamiento, tal vez porque “los hombres no lloran”.

El alcoholismo y las adicciones, sin ser exclusivos de la depresión masculina, a veces se suman a ella, como la otra cara del vacío depresivo. (Y ya sabemos que también pueden ser adictivos el trabajo, los juegos de azar, etc.) Depresión y adicción forman un círculo vicioso. Se busca la euforia artificial para escapar de la apatía depresiva, pero el alivio es pasajero. El daño, en cambio, es duradero y acentúa el sentimiento de culpa o de inferioridad.

Adicto es el que no puede prescindir de un objeto (droga) o de un dogma (político) o de una persona (en el amor) o de una actividad (trabajo, juegos de azar).
La depresión masculina
se enmascara y ese enmascaramiento es costosísimo.
Tomemos como ejemplo la adicción al alcohol. El alcohol ayuda a escapar de la visión crítica que tenemos de nosotros mismos. Cuánto más negativa es la mirada sobre uno mismo, más se intenta eludir ese sentimiento mediante el consumo de sustancias. El alcohol es un desinhibidor que facilita el paso a la acción, pero sus efectos depresógenos son múltiples: biológico (perturbación de los neurotransmisores vinculada a la dependencia física), sociales (verguenza y rechazo social) y psicológicos (alteración de la autoestima). En cualquier caso, la autoestima del paciente alcohólico es muy inestable. Su discurso oscila de la negación a la desesperación. Ninguna de esas actitudes es eficaz para salir adelante.

Ciertos conflictos conyugales y familiares, el ausentismo laboral, el bajo rendimiento escolar, el aislamiento social y la falta de motivación pueden ser también depresiones enmascaradas. Un predominio mayor de depresiones somatizadas se produce en personas que tienden a la negación, la hiperactividad y cierto control omnipotente del entorno.

La depresión masculina se enmascara y ese enmascaramiento es costosísimo. La depresión (y sólo para mencionar un ejemplo) está asociada a enfermedad coronaria e infartos cardiacos y cerebrales, padecimientos que afectan a los hombres con mayor frecuencia y a una edad más temprana que a las mujeres. Los hombres con depresión y enfermedad cardiaca tienen dos o tres veces más probabilidades de morir que los hombres con enfermedad cardiaca sin depresión. En los últimos 40 años, la tasa de suicidio entre hombres ha sido cuatro veces superior a la de mujeres.

Los varones son criados en nuestra sociedad para ser exitosos restringiendo la expresión de emociones. Deben controlarse y son forzados a expresarse a través de la agresión. Ser “fuerte” significa soportar dolor físico y psíquico desvalorizando los afectos (en particular la tristeza). Los varones sobrellevan los duelos de una manera diferente a las mujeres. “Ser fuertes” es encarar la adversidad sin demostrar emociones (señal de debilidad).

La depresión y sus manifestaciones serán una oportunidad para lograr entre todos un nuevo modelo social de masculinidad en que sea posible la expresión de afecto y ternura.

Fuente: http://www.psyciencia.com/2012/09/28/la-depresion-en-los-hombres-una-epidemia-encubierta/

Otro artículo: Depresión, la tristeza patológica que roba el placer de vivir

viernes, 25 de abril de 2014

Señales y síntomas de problemas en los testículos

Los testículos, como cualquier otra parte del cuerpo, pueden verse afectados por ciertas afecciones y enfermedades que pueden generar síntomas (cambios que usted nota). Los síntomas y señales más comunes en los testículos y el escroto son:

Protuberancias (masas).
Inflamación.
Dolor.
Algunas afecciones que afectan a los testículos también pueden causar una sensación de pesadez o dolor en la región baja del abdomen, o incluso pueden causar náusea y vómito.

El cáncer es una posible causa de los síntomas testiculares, pero estos síntomas son causados con más frecuencia por infecciones, lesiones, u otra cosa. Si nota cualquier cambio en sus testículos, es importante consultar con un médico lo antes posible. Incluso afecciones distintas al cáncer pueden aún ser graves y podrían necesitar tratamiento.

domingo, 13 de abril de 2014

Un diagnóstico de testosterona baja amerita más que un análisis de sangre, aseguran los expertos

Un examen físico también es esencial debido a las inconstancias en los laboratorios

Robert Preidt
Traducido del inglés: lunes, 10 de marzo, 2014
Imagen de noticias HealthDay

LUNES, 10 de marzo de 2014 (HealthDay News) --

Un análisis de sangre solo no es suficiente para diagnosticar unos niveles bajos de testosterona en los hombres, y se debería realizar en conjunto con un examen físico, señala un panel de expertos.
El número de hombres de EE. UU. diagnosticados con una testosterona baja ha aumentado significativamente en la última década, anotaron. Pero unas prácticas inconstantes en el laboratorio y otros problemas llevan a unos resultados no confiables en los análisis de sangre para la afección. La testosterona es la principal hormona sexual masculina.
La falta de constancia en las prácticas de laboratorio ocurre en áreas como la recolección y el almacenamiento de las muestras de sangre, y en los métodos utilizados para analizar las muestras de sangre.
El panel de médicos de seis importantes instituciones de EE. UU. analizaron los datos de más de 10,000 pacientes. Los hallazgos aparecen en línea el 6 de marzo como adelanto a su publicación en la edición impresa de mayo de la revista Urology.
"En algunos casos, los niveles de testosterona, evaluados el mismo día de una muestra de sangre tomada de un solo paciente, difería en hasta un 30 por ciento entre un laboratorio y otro", señaló en un comunicado de prensa del Centro Médico de Nueva York-Presbiteriano/Weill Cornell el autor del estudio, el Dr. Darius Paduch, urólogo y especialista en medicina sexual masculina del centro médico, en la ciudad de Nueva York.
Los hallazgos indican que depender tan solo de los resultados de los análisis de sangre puede llevar tanto al tratamiento insuficiente como excesivo de los niveles bajos de testosterona en los hombres.
Paduch dijo que "es esencial enfocarse sobre todo en el tratamiento del paciente y sus síntomas", y utilizar los resultados de las pruebas de sangre como "una directriz secundaria".
Los síntomas de los niveles bajos de testosterona (también conocida como hipogonadismo) incluyen fatiga, pérdida del deseo sexual y disfunción eréctil. La afección se considera comúnmente como algo que afecta a los hombres a partir de los 65 años, pero cada vez se diagnostica más en hombres de menor edad con diabetes y obesidad.
Los médicos y otros proveedores de la atención de salud deben insistir en que los laboratorios sigan las directrices estandarizadas para la evaluación de la testosterona emitidas por los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE. UU., enfatizó Paduch.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: NewYork-Presbyterian/Weill Cornell Medical Center, news release, March 6, 2014
HealthDay

Las proteínas de la carne y el pescado podrían ayudar a los hombres a envejecer bien

Pero un estudio japonés no observó tales beneficios en las mujeres

Traducido del inglés: jueves, 13 de marzo, 2014
Imagen de noticias HealthDay

MIÉRCOLES, 12 de marzo de 2014 (HealthDay News) -- Los hombres mayores podrían mejorar física, mental y socialmente si comen una dieta rica en carne y pescado, según un nuevo estudio japonés.
Este estudio de más de 1,000 adultos mayores sugirió que los hombres que comían la mayor cantidad de carne y pescado redujeron sus probabilidades de deterioro mental y físico en un 39 por ciento, en comparación con los hombres que comían la menor cantidad de proteína animal.
Pero la misma asociación no se observó en las mujeres. Ni tampoco se produjeron los mismos beneficios a partir de las proteínas procedentes de las plantas, hallaron los investigadores.
En realidad el estudio no demuestra que comer carne y pescado provocara las mejoras en la salud de los hombres, ni tampoco que una ingesta baja de proteína animal contribuya a un deterioro temprano.
"Se trata de un estudio observacional que simplemente muestra una relación entre la proteína y el deterioro funcional. No demuestra que exista causalidad", señaló Lona Sandon, profesora asistente de nutrición clínica del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern, en Dallas.
"Además, el estudio fue realizado con hombres y mujeres japoneses, no con personas que viven en EE. UU.", añadió. Dado que se trata de una población de estudio tan específica, los resultados quizá no apliquen a las personas de otros lugares, indicó Sandon.
Aun así, la investigación indica que la ingesta adecuada de proteína es importante conforme envejecen las personas, señaló Sandon. La capacidad de procesar las proteínas podría empeorar en la vejez. Como resultado, los requerimientos de proteínas podrían aumentar, sugirió el estudio.
"Las proteínas de gran calidad pueden ayudar a preservar el músculo magro que se pierde cal envejecer y que puede afectar al funcionamiento cotidiano", dijo Sandon. Las proteínas de mejor calidad presentes en los animales son usadas más fácilmente por el cuerpo que las procedentes de las plantas.
El informe aparece en la edición del 13 de marzo de la revista Journal of the American Medical Association.
Para realizar el estudio, un equipo de investigación dirigido por Megumi Tsubota-Utsugi, del Instituto Nacional de Salud y Nutrición de Tokio, evaluó los formularios de 1,007 hombres y mujeres con un promedio de edad de 67 años.
Se preguntó a los participantes sobre su dieta, incluyendo la ingesta de proteína animal, al inicio del estudio y 7 años más tarde.
En función de cuánta carne y pescado comían, los participantes fueron divididos en 4 grupos. También les realizaron pruebas sobre los aspectos sociales e intelectuales de su vida.
Al final del estudio, aproximadamente una cuarta parte de los participantes informaron que sufrían deterioros del pensamiento y de otras habilidades. Pero el riesgo de deterioro mental y físico de los hombres que más carne y pescado comían se redujo en un 39 por ciento, en comparación con los que menos proteína animal comían, hallaron los investigadores.
Connie Diekman, directora de nutrición en la Universidad de Washington en St. Louis, piensa que el estudio tiene algunas limitaciones serias.
Diekman señaló que la información sobre la alimentación se evaluó solo dos veces en 7 años, las porciones no se evaluaron con meticulosidad y la intensidad del ejercicio (un factor importante en la construcción del músculo) no se tuvo en cuenta.
Aun así, "este estudio me dice que necesitamos mantener unas cantidades adecuadas de proteínas y una buena diversidad en la procedencia de las proteínas, sobre todo del pescado, a lo largo de toda la vida", comentó Diekman.
Y en cuanto a por qué las mujeres no observaron unos beneficios parecidos, Diekman no está segura.
"Es difícil de decir, pero dado que los hombres tienen una masa muscular mayor, para empezar, quizá la proteína animal permita que haya un mejor rendimiento general. Pero esto sería una área que requiere de más estudios", indicó.
Otra experta mandó una advertencia distinta. El estudio "no le da licencia para ir al restaurante de hamburguesas más próximo con la idea de que está salvando su cerebro", comentó Samantha Heller, nutricionista clínica en el Centro Médico Langone de la NYU de la ciudad de Nueva York.
En general, no es raro que las personas mayores consuman menos proteínas y menos calorías de las que necesitan para detener la pérdida de masa muscular y de fluidos corporales importantes, explicó. La pérdida de masa muscular afecta a la calidad de vida, a la salud de los órganos y al sistema inmunitario.
"La carga excesiva de proteína, sin embargo, no es tampoco la solución, porque a medida que envejecemos nuestros riñones y otros órganos podrían no ser capaces de manejar cantidades excesivas de proteína", comentó Heller. Además, una dieta cargada de carne roja y procesada se asocia con enfermedades cardiacas, diabetes, algunos cánceres y demencia, explicó.
"Queremos asegurarnos de que nuestra población que envejece está comiendo una dieta equilibrada y saludable, repleta de los fluidos adecuados y de fuentes de proteína saludables, lo que incluye el pescado, el pollo, las legumbres y los frutos secos", añadió Heller.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Connie Diekman, director, nutrition, Washington University in St. Louis; Samantha Heller, M.S., R.D., senior clinical nutritionist, NYU Langone Medical Center, New York City; Lona Sandon, R.D., assistant professor of clinical nutrition, University of Texas Southwestern Medical Center at Dallas; March 13, 2014, Journal of the American Geriatrics Society
HealthDay